El proyecto instalado en el campo Gertrudis, sobre la carretera Tampico-Mante, lleva su tercer año en fila en florecer en una zona totalmente nueva para su siembra, lo cual atrae visitantes.

Altamira cuenta con el único campo de lavanda en Tamaulipas y el noreste del país, mismo que por tercer año consecutivo florece y atrae la atención de visitantes de la región.

En el rancho Gertrudis, a la altura del kilómetros 63 de la carretera Tampico-Mante, se ha convertido en un fuerte potencial de agroturismo y con proyección a convertirse en un parque temático.

Emma Lucía Williamson, amante de esta flor, decidió apostarle a “Lavanda S23” en el estadio tras 14 años de sembrar en la Ciudad de México. La idea no era sólo producir, sino regalarle a familias el convivir con la flor oriunda de Europa que emana un agradable aroma, utilizado para el relajamiento.

Al asociarse con Carlos Palacios, producen nueve diferentes tipos de lavanda, único en México. Este campo es muy concurrido por las familias que radican en Tampico, Ciudad Madero, Altamira, Veracruz y San Luis Potosí.

A los visitantes se les ofrece un desayuno-almuerzo cocinado a leña. Posterior a esto, se realiza un recorrido para explicar sus propiedades y en qué se utiliza.

Como campo de agroturismo, tiene pasillos entre la hectárea donde está la siembra y se espera en breve sumar otra.

El producto se destila y se separa el agua del aceite; se hacen jabones, detergentes, perfumes, cosméticos, tés, miel, medicamentos y más utilidades. Su aroma hace que sea única la experiencia para el turismo, con el viento se respira un aire que da paz y tranquilidad. Se encuentra abierto de martes a domingo, con recorridos fines de semana.

¿Por qué lavanda S23?

El nombre se inspira en el Salmo 23. Menciona los caminos y una serie de particularidades que se adecuaron al mismo campo de siembra. Carlos Palacios, explicó que es una forma de agradecerle a Dios por los 80 años del rancho y por resultar el proyecto, al no ser una flor endémica, se adaptó rápidamente a las tierras y desde el primer año floreció.

“Dentro del campo vienen integrado este diseño de paisaje inspirado en el Salmo 23, con elementos como prados verdes, la fuente, menciona también que regocijas mi alma y eso se representa con los aromas y tiene más elementos que en recorrido se les mencionan”, dijo.

El problema

En el 2020 no solo enfrentaron la pandemia del coronavirus, también el mismo hongo que afecta el sorgo y el maíz atacó la lavanda y perdieron gran parte del cultivo.

Esto no ocurría en los dos primeros años. Apoyados por el Instituto Politécnico Nacional y Jesús García, se contrarrestó el problema de forma biológica y no química. Así, se rescató otra parte y de nuevo se sembró. En esta temporada hay poca flor, pero con los cambios se prevé en 2022 una mejor condición.

Información de Milenio